fruto pequeño · Grossulariacées

Grosella rojaRibes rubrum

El grosellero es el arbusto de los jardines de la abuela: indestructible y productivo, se dobla cada verano bajo racimos translúcidos que iluminan el seto frutal. Roja, rosada o blanca, la grosella aporta esa acidez franca que despierta los postres y da las mejores jaleas.

Grosella roja (Ribes rubrum)
Photo : Hedwig Storch · CC BY-SA 3.0 · licencia · Wikimedia Commons
Dificultad
Fácil
Exposición
Sol o media sombra
Riego
Fresco en verano, acolchado indispensable
Suelo
Fresco, profundo, humífero; tolera la arcilla
Espaciado
1,2 a 1,5 m entre los arbustos
Cosecha
Primeros racimos ya en el 2.º año, plena producción a partir de los 4 años

Calendario · Clima en Bélgica

Cuándo sembrar, plantar y cosechar

Actividad Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic
Plantación
Cosecha

Paso a paso

1Elegir

El grosellero de racimo se presenta en variedades rojas, como Jonkheer van Tets, precoz, o Rovada, tardía y de racimos largos, y en variedades blancas más dulces, como Blanka o Versaillaise blanche. Todas son autofértiles; plantar dos de maduración distinta escalona la cosecha durante seis semanas. Prefiera una planta de dos años, bien ramificada, con al menos tres ramas principales. La forma de pie alto, injertada, facilita la recolección.

2Plantar

Plante de octubre a marzo, sin heladas, en un hoyo ancho provisto de compost. El grosellero tolera la media sombra, lo que permite instalarlo al pie de un muro orientado al este o al noroeste. Separe los arbustos de 1,2 a 1,5 m, entierre ligeramente el cuello para favorecer nuevos brotes de la base y rebaje las ramas un tercio. Acolche con generosidad: sus raíces superficiales sufren pronto con la sequía y con el escardado.

3Cuidar

La poda de invierno mantiene el arbusto aireado y productivo: suprima las ramas de más de cuatro años, los ramos que se cruzan y los brotes tumbados, para conservar de ocho a diez ramas principales de edades variadas. El fruto se forma en la madera de dos y tres años. Riegue en tiempo seco en junio, renueve el acolchado y aporte compost en primavera. Evite los abonos nitrogenados, que favorecen al pulgón.

4Cosechar

Espere a que todo el racimo esté coloreado y brillante, y a que las bayas sigan firmes: recogidas demasiado pronto, quedan muy ácidas. Desprenda el racimo entero pinzando su base, sin desgranar en la planta. Un grosellero adulto da de tres a cinco kilos. Coseche preferiblemente por la mañana, con tiempo seco, y proteja la cosecha de los mirlos con una malla antipájaros en cuanto los frutos enrojezcan.

5Conservar

En racimo, la grosella aguanta tres o cuatro días en fresco. Desgrane con un tenedor para las preparaciones. Su riqueza en pectina la convierte en la reina de las jaleas, que cuajan sin añadidos. Congele las bayas desgranadas en plano: servirán todo el año para tartas, salsas de caza o un coulis ácido. El zumo, pasteurizado en botellas, se conserva varios meses.

Para profundizar en el tema

Plantar correctamente, cuidar adecuadamente

Cómo plantar correctamente

Elegir la forma: mata o pie alto

El grosellero se vende en mata, de pie franco, o injertado sobre pie alto de Ribes aureum a 80 o 100 cm de altura. La mata vive más tiempo y se renueva por la base; la forma de pie alto libera el suelo, mantiene los racimos limpios y se cosecha sin agacharse, pero exige un tutor permanente y rara vez vive más de quince años. Para un jardín pequeño o un borde de huerto, alterne ambas. Las variedades en cordón vertical, con uno o dos brazos entutorados sobre alambre, dan racimos más largos con solo 50 cm de separación. Compre siempre una planta de dos años, con tres o cuatro ramas bien repartidas.

Encontrar el buen sitio

El grosellero teme más el calor seco que la sombra: en nuestros jardines, la media sombra de un muro orientado al este o de un seto al noroeste le conviene perfectamente, siempre que reciba cuatro horas de sol. Evite las hondonadas heladizas donde la niebla se estanca en abril, en plena floración, y los lugares batidos por el viento, que reseca las raíces superficiales. Un suelo limoso y fresco, incluso arcilloso, es ideal; un suelo arenoso exigirá un acolchado grueso y un riego constante. Prevea acceso por dos lados para la recolección y para colocar la malla.

Preparar el hoyo y el suelo

Un mes antes de la plantación, elimine con cuidado la correhuela y la grama, que después ahogarían las raíces superficiales. Cave un hoyo de 50 cm en todos los sentidos, algo más en arcilla compacta, rompiendo el fondo con la horca de laya. Mezcle con la tierra extraída dos o tres paladas de compost maduro y un puñado de harina de huesos o de cuerno triturado. En tierra pesada, incorpore arena gruesa o grava fina en el fondo, sin crear una cubeta estanca. Deje que el suelo se asiente una semana antes de plantar.

Plantar a raíz desnuda

La plantación a raíz desnuda, de octubre a marzo y sin heladas, sigue siendo la mejor: plantas más baratas y arraigo más franco. Refresque las raíces dañadas, embarre en un lodo de tierra y compost, y coloque después la planta enterrando el cuello 5 cm si es una mata, lo que multiplica los brotes de la base. Para una forma de pie alto, mantenga el cuello al nivel del suelo y clave el tutor antes que el arbusto. Rellene, presione al pie, riegue con diez litros aunque llueva, y rebaje cada rama a un tercio para formar una estructura baja y sólida.

En maceta o en jardinera

El grosellero se logra en jardinera sobre una terraza orientada al este o al oeste, en un recipiente de 40 litros como mínimo, perforado y lleno de sustrato mezclado a partes iguales con tierra de jardín y compost. Una forma de pie alto es la más elegante en maceta y ocupa poco sitio. El punto delicado es el riego: el sustrato no debe secarse nunca en junio, ni encharcarse en invierno. Acolche la superficie, recebe con compost cada primavera y trasplante cada tres años recortando el cepellón. Cuente dos kilos de fruta por jardinera adulta.

Los errores del principiante

El primer error es plantar a pleno sol contra un muro orientado al sur: los racimos se queman y el arbusto se agota. El segundo es escardar: las raíces corren a 10 cm de la superficie y cada golpe de escardillo las hiere; acolche en su lugar. También se ven arbustos plantados demasiado juntos, a 80 cm, que resultan imposibles de cosechar y favorecen el oídio. Por último, no se salte la poda de plantación: una planta dejada intacta fructifica antes, pero forma una mata desguarnecida por el centro que habrá que reformar con severidad tres años después.

Cuidar adecuadamente

Regar los primeros años

Un grosellero de uno o dos años tiene un sistema radicular todavía reducido: riegue cada semana en tiempo seco de abril a julio, diez litros al pie, vertidos despacio. El periodo crítico va de la floración al engorde de las bayas, en mayo y junio: una falta de agua en ese momento da racimos cortos y frutos que caen. Después de la cosecha, el arbusto soporta la sequía pero prepara sus yemas del año siguiente; un riego en agosto durante una ola de calor no está de más. Ya adulto, con un acolchado grueso basta en la mayoría de los veranos belgas.

Acolchar y nutrir

El acolchado es el gesto central: una capa de 8 a 10 cm de triturado de ramas, de hierba de siega seca o de hojas muertas, renovada cada primavera, conserva la frescura y evita todo escardado. Bajo el acolchado, extienda en marzo dos o tres paladas de compost maduro y un puñado de ceniza de madera tamizada, rica en potasio, que el grosellero agradece. Evite el estiércol fresco y los abonos nitrogenados rápidos, que dan brotes blandos invadidos de pulgón. En suelo pobre, un puñado de patentkali en febrero corrige las carencias de potasio.

Podar: formación y luego fructificación

Los tres primeros años, forme una mata de ocho a diez ramas principales erguidas rebajando cada invierno las prolongaciones a la mitad, sobre una yema orientada hacia el exterior. Después, la poda de fructificación se hace cada invierno, entre diciembre y febrero: suprima en la base una o dos ramas de más de cuatro años, reconocibles por su corteza oscura y escamosa, elimine la madera tumbada y los ramos del centro, y acorte después los brotes laterales del año a dos o tres yemas para crear botones de fruto. En cordón, pince en junio las laterales a cinco hojas.

Prevenir enfermedades y plagas

El pulgón amarillo, que abolla las hojas en rojo, se combate pulverizando jabón potásico desde abril y evitando el nitrógeno; las mariquitas se encargan después. La tentredínida, falsa oruga verde moteada de negro, puede deshojar una mata en una semana en mayo: inspeccione el corazón del arbusto y aplaste las larvas. Contra el oídio, airee con la poda y pulverice leche diluida al 10 % o una decocción de cola de caballo. La malla antipájaros contra los mirlos, colocada sobre una armazón en cuanto los racimos se vuelven rosados, sigue siendo la protección más rentable de todas.

A lo largo de la temporada

En febrero, pode y aporte compost y ceniza. En abril, vigile los primeros pulgones bajo las hojas jóvenes y coloque un velo si amenaza una helada en plena floración. En mayo, riegue si el mes es seco: es lo más importante. En junio, tienda la malla, coseche los racimos rojos a partir de finales de mes, y recoja los blancos en julio. Después de la cosecha, retire la malla, renueve el acolchado y deje el arbusto tranquilo. En otoño, recoja las hojas caídas si han aparecido manchas de roya. Un cuaderno de fechas ayuda mucho de un año para otro.

Cosechar y conservar

Más allá de los consejos básicos, sepa que a la grosella le conviene quedarse una semana más en el arbusto después de la coloración completa: el azúcar sube y la acidez se suaviza, sobre todo en las variedades blancas. Coseche racimo a racimo con el pedúnculo y deposítelos en bandejas bajas para no aplastar los de abajo. Para la jalea, mezcle un tercio de racimos algo menos maduros, más ricos en pectina. Los racimos lavados y secados sobre un paño se congelan enteros en bandeja, lo que permite desgranarlos ya congelados, sin estropearlos.

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Del huerto al plato

Y después, lo disfrutamos

Lo que aporta

La grosella es muy rica en vitamina C, en fibra y en pectina, con pocos azúcares.

En la cocina, sencillamente

Unos racimos desgranados sobre una tarta de queso fresco o en una macedonia aportan el contraste ácido que a menudo falta.

Vivir bien

Los racimos rojos que cuelgan en julio son el decorado más alegre del jardín, para admirarlo antes de cosechar.